Diseñando para los nuevos Mercados

1 diciembre, 2003 - 8 minutes read

“Santiago de Chile, 15 de octubre de 1812.- Hoi se ha tenido noticia de que en Europa, el 12 de mayo de 1812, las tropas francesas continüan sus marchas à Polonia, donde se halla Geronimo Bonaparte con su exercito de Wesphalia”.1

Hace 200 años, la información “on-line” llegaba con un retraso de ¡más de 5 meses! Hoy día, su mensaje puede ir y volver en menos de 10 minutos, aunque su destinatario esté en Honolulu o en Tombuctú. Un cálculo simple nos dice que la velocidad de transferencia de datos entre personas distantes ha aumentado en al menos ¡40.000 veces! Así, si en el año 1800 la tierra giraba alrededor del sol en 365 días, hoy día, para efectos del intercambio de correspondencia, la tierra daría en un mismo día más de 100 vueltas al sol.

La compresión del tiempo, asociada a una compresión del espacio para transacciones como las financieras y de información, pareciera ser la base de la actual globalización. Las redes, las comunicaciones, el control y el procesamiento de datos han jugado aquí un papel clave. La convergencia de todas estas aplicaciones está generando una inmensa presión sobre los productos, requiriendo cada vez más funciones y mayor capacidad y velocidad, todo ello a menor costo y en empaques cada vez más compactos.

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Figura 1. Elementos para planificar el diseño de un producto4.

Si sumamos a dichas demandas la exigencia de mayores velocidades de desarrollo – derivadas de ciclos de vida cada vez más cortos tanto para las tecnologías como para los productos – y a la necesidad de acortar los tiempos de salida al mercado2, tendremos ya una noción del panorama que enfrentan los actuales diseñadores de productos.

¿Qué hacer en este turbulento escenario para lograr diseños exitosos de productos?

En primer lugar, parece fundamental recordar que el producto es un satisfactor de necesidades, las que a su vez se relacionan con los valores de los clientes (Fig. 1). Sobre esa base es posible identificar funcionalidades y asignar propiedades y parámetros específicos (propios y relativos a la competencia), para luego desembocar en una implementación física concreta.

Una forma alternativa de visualizar el producto, y por ende su diseño, es considerarlo como una forma química-biofísica y volumétrica que, sumada a un modo de uso, genera una funcionalidad, que es la que en definitiva satisface las necesidades objetivo (Fig. 2).

Una manera compacta de mostrar este concepto se muestra en la Fig. 3, en la que se ha utilizado un modelo IDEF03. La actividad central es la utilización del producto, las entradas son las necesidades del cliente y la salida, la satisfacción del cliente. El producto pasa a ser aquí un mecanismo de soporte para realizar la actividad, la que es controlada por las instrucciones de operación y de uso.

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Figura 2. De la forma a la necesidad.

Pero ¿quién es el cliente?

Para contestar esta pregunta es necesario tener muy presente que el producto debe ser analizado durante su ciclo completo de vida, partiendo por su concepción y diseño, pasando por su fabricación, manipulación, empaque, uso, mantención y mejora, y terminando en su tratamiento como desecho.

Todas las personas e instituciones que toman contacto con el producto en alguna fase de dicho ciclo de vida son los interesados o “stakeholders” del producto. Una adecuada valoración y ponderación de sus respectivas necesidades y estructura valórica es una de las claves en el logro de un producto exitoso. Del mismo modo, ignorar a un agente puede traducirse inclusive en un impedimento insalvable para llegar a determinados mercados (pensemos, por ejemplo, en el no cumplimiento de alguna normativa impuesta por una autoridad pertinente).

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Figura 3. Modelo IDEF0 de un producto como satisfactor.

¿Cómo abordar el diseño?

Considerando la convergencia ya descrita de tecnologías y la existencia de múltiples “clientes” para el producto, es fundamental aplicar técnicas de diseño estructurado para hacer una descomposición funcional del producto, lo que permite concentrarse en las prestaciones más que en la plataforma o mecanismo específico que se utilizará para implementarlo.

Tomemos, por ejemplo, el diseño de una nueva tetera eléctrica. Si comenzamos el proceso pensando en desarrollar un recipiente de agua con una resistencia eléctrica que se conectará a la red, probablemente no logremos dar con un enfoque innovador y creativo. Por el contrario, si nos liberamos de la formas y nos concentramos en la función, podríamos desarrollar un esquema funcional como el que se muestra en la Fig. 4, con total independencia de los mecanismos u objetos que utilizaremos en su construcción. Se aprecia aquí que es conveniente incorporar al modelo tanto las salidas deseadas como las no deseadas (energía perdida, hojas de té usadas), ya que un buen manejo o incluso un rea-provechamiento de los desechos pueden significar ventajas decisivas para la compe-titividad del producto.

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Figura 4. Ejemplo de descomposición funcional de un producto5.

¿Qué actividades deben considerarse en el diseño?

Un diseño de complejidad mediana debe incluir al menos las siguientes etapas:

• Identificar todos los “stake-holders” del producto, así co-mo sus necesidades y valores.

• Definir los atributos del producto para los distintos “clientes”.

• Hacer la descomposición funcional del producto.

• Asignar elementos físicos u objetos para realizar las distintas funciones.

• Definir las pruebas de verificación de los diseños y de validación de las unidades físicas.

• Efectuar el diseño mismo.

• Verificar y validar los resultados.

¿Para qué hacer todo esto?

Si queremos agregar real valor a los productos que desarrollamos, es necesario profesionalizar nuestras herramientas de diseño como única alternativa para competir en un mundo cada vez más globalizado, interconectado y multifuncional.

1. Diario La Aurora de Chile, 15.Oct.1812, pág. 2.
2. “Time-to-market”.
3. FIPS Publication 183, National Institute of Standards and Technology
(NIST), Dic.1993.
4. Modificado de Anton Montagne Consultants, The Netherlands.
5. Modificado de Anton Montagne Consultants, The Netherlands.

Fuente: http://www.emb.cl/electroindustria/articulo.mvc?xid=104&srch=manterola&act=4&tip=7